Este mes le toca a Guernica, y una de sus arterias principales es Crisólogo Larralde, la calle sobre la que está el propio edificio municipal. Pero ¿Quién es ésta persona? Aquí un breve informe para descubrirlo. Larralde nació en un hogar obrero de Quilmes, y junto a sus seis hermanos vivían con sus padres en una habitación de conventillo. Su padre, un obrero anarquista, lo introdujo en la militancia sindical y libertaria. Su madre era una trabajadora doméstica.
Comenzó a trabajar a los 13 años en una imprenta. De noche se interesaba por la lectura de libros relacionados con las luchas populares. Sus primeros trabajos fueron publicados en el periódico anarquista La Libertad de Avellaneda. En 1916 se afilió a la Unión Cívica Radical, movilizado por el impacto histórico del triunfo de Hipólito Yrigoyen, tenía 14 años.
Por su origen de clase y su comprensión de la problemática de los trabajadores, se constituyó en máximo exponente de la voz social del radicalismo, a partir de la década de 1930. Durante la llamada Década Infame fue elegido
y asumió como concejal en Avellaneda. Posteriormente resultaría electo senador provincial en Buenos Aires, pero presentará renuncia indeclinable debido al fraude sistemático y generalizado que imponían los gobiernos de la Concordancia.
En 1943 fue uno de los fundadores de la corriente interna Revisionismo Bonaerense, presidida por Ricardo Balbín, e integrada por Oscar Alende y Moisés Lebensohn, entre otros, que constituyó uno de los primeros intentos en desalojar de la conducción de la UCR a la corriente conservadora unionista (alvearista).
En abril de 1945 fue uno de los firmantes de la Declaración de Avellaneda, que diera origen poco después al Movimiento de Integración y Renovación (MIR).
Ante las movilizaciones obreras del 17 de octubre de 1945, Larralde se opuso a la lectura despectiva de los hechos que caracterizó al unionismo radical y los sectores conservadores sosteniendo: "Asistimos a la condenación de las manifestaciones populares del 17 y 18 de octubre; observamos que diarios, gremios, instituciones y partidos se empeñan en demostrar que los manifestantes no fueron el pueblo ni los obreros auténticos. El ciudadano que escribe este artículo, hijo de una inmigrante que trabajó como sirvienta y de un obrero que perdió hace 8 años su vida mientras conducía un carro, declara que en esa multitud que desfilo encontró gente del pueblo. El autor de este artículo se encontró a sí mismo en los niños de zapatillas rotas y mal vestidos; en muchos casos o en todos los que fueron tildados de descamisados. Él también conoció, con sus 5 hermanos, el hacinamiento de una sola habitación y la promiscuidad de los inquilinatos; supo que es carecer de medias, ropas, botines y -alguna vez- comenzó sus estudios secundarios poniéndose los pantalones largos de su padre, un saco rehecho por su madre, camisa y sombrero usados, provistos por algún generoso vecino.
El 17 de octubre salió el pueblo a la calle y produjo un acto de adhesión al coronel Perón. Creyó que las llamadas conquistas sociales corrían peligro de desaparecer y afirmó su derecho a mantenerlas, vivando al coronel Perón. En este apellido la gente joven ve al realizador de un programa social. El pueblo habló, gritó, desfiló, realizó agresiones, llenó de inscripciones las paredes, dijo lo que le parecía justo."
Tras el 17 de octubre, junto al resto de los intransigentes, Larralde se opuso a que la UCR integrara la Unión Democrática, y rechazó el tono crudamente antiperonista de la campaña electoral y luego de la estrepitosa derrota de la Unión Democrática en las elecciones de 1946, fue junto con Antonio Sobral y Arturo Frondizi uno de los tres intransigentes que integraron la Junta de 7 miembros que reemplazó al Comité Nacional. A poco andar, los tres abandonaron la Junta por las diferencias irreconciliables que tenían con el sector unionista.
En 1954 se realizan elecciones para vicepresidente de la Nación. Larralde fue el candidato del radicalismo. Durante la campaña denunció la falta de libertades políticas y la importancia que las mismas tienen para defender los derechos de los trabajadores. Decía en esa campaña: "Queremos que las palabras “revolución social” de que ha hablado el presidente de la República, se conviertan mediante nosotros en un hecho generoso y positivo para bien de todos. Queremos hacerlo sin sangre y sin rencores, como aquí se dijo, no a favor de un partido, si a favor de un pueblo; queremos anteponer a los privilegios económicos, el derecho del individuo, pero nada vamos a poder realizar, absolutamente nada, si primero no conseguimos el arma más importante, que es el arma que todas las dictaduras niegan. El marxismo dice: 'La libertad es un prejuicio burgués'. El fascismo afirma 'La libertad es un cadáver putrefacto en el Estado'. El peronismo dice 'La libertad no sirve para comer'. Nosotros decimos que la libertad es lo único que sirve, que hay derecho de comer por el hecho de haber nacido; que hay derecho de comer para conservar la vida; para ennoblecerla con los actos de cada mañana y de cada tarde; pero no vivimos para comer, si no a la inversa."
En 1956, la Unión Cívica Radical se dividió en dos: la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI) dirigida por Frondizi, y la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP) dirigida por Balbín. Larralde fue uno de los dirigentes que más se esforzó en evitar la fractura, una vez producida se integró a las filas de la UCRP donde fue elegido ese mismo año presidente del Comité Nacional. En 1957, como presidente del mismo, intervino activamente para evitar que los convencionales de la UCRP se retiren de la Convención Constituyente antes de dar su voto favorable por el artículo 14 bis de la Constitución Nacional, sobre los derechos del trabajo. Sin embargo, inmediatamente después, los convencionales sabattinistas, junto a los conservadores, se retiraron finalmente de la Convención Constituyente, impidiéndole continuar.
En 1962 Larralde era el candidato a gobernador de Buenos Aires por la UCRP. El 23 de febrero, en ocasión de un acto de campaña en el distrito industrial de Berisso, murió en la tribuna, mientras pronunciaba su discurso.
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