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Reseña histórica de Glew

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¿Dónde estamos? ¿Quiénes somos? ¿Cuáles son nuestros vecinos? Tratando de responder éstas y otras preguntas que hacen a nuestro ser, escribimos ésta reseña histórica de la localidad de Glew...


Glew constituye uno de las 11 localidades que conforman el partido de Almirante Brown, en el sur del conurbano bonaerense. Limita al norte con la localidad de Longchamps, al este con la localidad de Ministro Rivadavia, al oeste con el partido de Esteban Echeverría y al sur con el partido de Presidente Perón. Es interesante saber que Glew se encuentra a 34°53′17″ de latitud Sus y 58°23′03″ de longitud Oeste, en el censo del 2001 se detectó una población de 57.878 habitantes, a los que se debe llamar “glewenches”.
La historia
Los primeros datos fehacientes, sobre los orígenes de Glew surgen en 1810, donde figura doña Manuela Leyes heredando de su esposo las tierras de esta zona. Anteriormente se presume que habitaron pueblos nómadas, cazadores y pescadores, de los que han quedado pocos rastros.
A partir del deceso de Manuela Leyes hay una serie de sucesiones, ventas delimitaciones e inventarios hasta 1857, que adquiere las tierras don Juan Glew. El lugar comenzó a conocerse como “Estancia de Juan Glew”, que estaría ubicada en lo es actualmente la calle Avellaneda, con cuatro puestos de colonos llamados: Centinela, Tacuarembó, Chuquisaca y Ombú.
El camino real, que en sus orígenes pasaba por Rivadavia, pasa a ser la Ruta 210. El pueblo de San Vicente ya figuraba como zona rural.
Juan Glew edifica en Avellaneda y Moreno, frente a la estación, el primer almacén de ramos generales y vende parte de las tierras al Ferrocarril del Sud. Esa venta fue reglada en dicha fecha ante el escribano Francisco Castelloti, por un precio total de 8000 pesos. Un día de marzo de 1865, don Juan Glew, donó un terreno de su propiedad para las vías y la estación del futuro Ferrocarril Sud.
En la mañana del 14 de agosto de 1865, a las 10.05 se detuvo el primer tren en Glew (procedente de Plaza Constitución), para luego continuar viaje hasta Jeppener (que se convirtió en "punta de rieles"). El ferrocarril Sud llegó ese año (14 de diciembre de 1865) hasta Chascomús.
Desaparecido don Juan Glew, la vieja estancia fue alcanzada por el progreso con la entrada de las vías del ferrocarril y se fue dividiendo en las parcelas que dieron origen al pueblo.
Sus descendientes dividieron el campo heredado y se adjudicaron distintas fracciones. Una parte del campo dio origen a la primera formación del pueblo, hoy llamado "Pueblo Viejo" comprendido entre las vías del ferrocarril y la ruta 210. Esta fracción de terreno apareció con el nombre de "Pueblo de Cambaceres" en la época posterior al fallecimiento el legislador Antonio Cambaceres, vinculado al lugar por su establecimiento de campo, próximo al pueblo. Es probable que, en homenaje al legislador, los martilleros denominaron con su nombre los terrenos que lotearon.
Al transcurrir los años, la estancia de Juan Glew se fue transformando en un conjunto de chacras y tambos, gracias al trabajo de esforzados hombres afincados en el lugar, como don Jacinto Calvo. Podríamos recordar entre aquellos primeros pobladores del pueblo a Amadeo Poggio; Pedro Díaz; Daniel Acebal; Elsa Ibarra; Luis Cacosa; Oscar Taño; Alfredo Roggero; Tomas Casado; Domingo Tagliaferro; Aurelio Amoedo, a quien se debe el primer pavimento del pueblo, Santiago Bello y Don Mariano Hurdles Alcorta, entre muchos otros más.
Años después, los terrenos ubicados al este de las vías del tren, dieron origen al llamado "Pueblo Nuevo de Glew". El nuevo pueblo crece poco a poco, mas comercial, va aumentando la población y con ello los niños por lo cual nace la necesidad de fundar escuelas. Sarmiento firmó el edicto para la fundación de la Escuela Nº 4 en Ministro Rivadavia, y en1905 ésta se trasladó a Glew.
Comienzan a construirse las primeras casonas, entre ellas la que pertenece a la familia Calvo, que data de 1890, iniciadores de la construcción de un templo, ya en el año 1905 el pueblo cuenta con una Capilla.
Inmigrantes que huyen de la primera Guerra Mundial se asientan en los fondos del pueblo nuevo. Nace así una inmensa colonia Alemana de la que hoy tenemos algo muy preciado: el puro oxígeno obtenido a través de los muchos árboles que caracterizan la zona por ellos elegida.
En el 1960 llega otra corriente migratoria. Una colonia de Japoneses se asientan en los fondos de Glew lindando con el partido de San Vicente.
En 1975 el antiguo pueblo asciende al rango de ciudad, sumándose así a las localidades de Mármol, Claypole, Longchamps, Ministro Rivadavia, San José, Burzaco, Rafael Calzada y Adrogué.
Entre esos núcleos de población en "las afueras" del viejo y nuevo pueblo, se construyen los barrios de V. París, Pque. Roma, Los Alamos, Ipona, Los Pinos, La Reforma, Almafuerte, Kanmar y Gendarmería.
En 1984 la estación de Glew fue demolida y reedificada como parte de los trabajos de electrificación, que se efectuó ese año. Hasta setiembre de 2002, cuando fue inaugurada la electrificación del ramal entre las estaciones de Glew, Guernica y Alejandro Korn; Glew fue estación de trasbordo para los pasajeros del tren que quisieran seguir con esos destinos. Hoy por hoy, Glew se ha convertido en una ciudad floreciente y pujante con importante actividad comercial y social.
Destacados
La capilla Santa Ana de Glew guarda una de las páginas más reconocidas de la pinacoteca argentina: los frescos que Raúl Soldi dejó allí pintados y que junto con la muestra permanente de la Fundación Soldi invitan a acercarse a ese universo de criaturas inocentes y climas afables que es el rasgo característico de su obra. Los memoriosos sostienen que la historia de la capilla y estos frescos comenzó a principio de los años 50, cuando Soldi conoció el pueblo y se enamoró de él a primera vista. Le gustaron, dicen, las calles mansas y tranquilas, apenas alteradas, cada tanto, por el paso de sulkies y volantas. Los murales de la iglesia, con su antiguo campanario aún en pie, fueron inaugurados en 1905.
Hoy, al entrar en la capilla se percibe el fuerte aroma a hierbas que inunda esa nave de 8 m de frente por 25 de largo, con bóveda de cañón corrido. Y enseguida sorprenden los colores de los frescos: tonos saturados conviven con matices pastel y azules ultramar intensos. Veintitrés calurosos veranos fue el tiempo que Raúl Soldi tardó en concluir estos murales con la técnica renacentista del fresco. Primero revocó los muros; más tarde, por medio de un sistema de caños, humedeció el interior de las paredes. Después dibujó el boceto y luego, sobre el muro listo, aplicó con espátula los pigmentos que le dieron vida.
Subido a los andamios, en las alturas, con los pinceles atados a la cintura y velas para iluminar los detalles, Soldi pintó un total de 11 frescos y dos óleos en los que plasmó escenas religiosas que relatan la historia de Santa Ana, madre de la Virgen María. Una de las curiosidades de esta singular obra es que en las representaciones el artista incluyó paisajes y hasta reconocibles personajes de Glew, por ejemplo, en el fresco El Coro, la figura de Santa Ana es una conocida vecina que cantaba en el coro de la iglesia. Según se comenta, cada vez que terminaba un fresco, cobraba una docena de huevos y una gallina. Los murales, que han sido restaurados, se conservan en muy buen estado.
La Fundación Soldi, en Obligado y Gorriti, creada por iniciativa del artista, exhibe 60 obras, entre óleos, dibujos y grabados, que abarcan distintas etapas pictóricas desde 1927 hasta 1978. También se proyecta un video sobre su vida. Allí se conservan el caballete en el que trabajaba; una serie de fotos junto a Quinquela Martín y Antonio Berni; telegramas, y cartas de Victoria Ocampo y Jorge Luis Borges. También se aprecia una fotografía en su atelier de Buenos Aires, que tomó el fotógrafo Aldo Sessa en 1992, cuando Soldi hizo una gran exposición en el Palais de Glace. La de Soldi es "una obra caracterizada por la paz, la tranquilidad y la poesía", sostiene Daniel Soldi, hijo del artista a cargo de la Fundación.
La biblioteca popular de Glew "Pablo Rojas Paz", fue inaugurada oficialmente el 22 de marzo de 1969. Su sede se encuentra en Aristóbulo del Valle y Mansilla y su edificio fue donado para tal fin por Raúl Soldi. Lleva su nombre en un homenaje al escritor tucumano Pablo Rojas Paz quien fuera gran amigo de Soldi.
Y por último la Asociación de Bomberos Voluntarios de Glew fundada el 29 de enero de 1972, que cumple con la apreciable tarea de ayudar al prójimo cuando más lo necesita.
La Guía.
Fuentes: Wikipedia es.wikipedia.org/wiki/Glew (contenido disponible bajo los términos de la Licencia de documentación libre de GNU) e investigación propia, web de la fundación Soldi www.soldi.com.ar e investigación propia. En el próximo número “Reseña de Guernica”

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